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domingo, 7 de agosto de 2011

Amazing Grace La Historia del himno


Amazing GraceAutor-John Newton, 1725-1807La música de Carrell y Clayton "Armonía Virginia", 1831Sintonice en nombres "Amazing Grace"Escritura-1 Crónicas 17:16 de referencia, 17
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8, 9


En un pequeño cementerio de un cementerio parroquial en Olney, Inglaterra, se encuentra una lápida de granito con la siguiente inscripción: "John Newton, el secretario, una vez que un infiel y un libertino, un siervo de esclavos en África, fue, por la rica misericordia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en conserva, restaurado, perdonado, y nombró a predicar la fe que había trabajado mucho tiempo para destruir. "Este testimonio montaje, escrito por el propio Newton antes de su muerte, describe acertadamente la vida inusual y colorido de este hombre, un de los grandes predicadores evangélicos del siglo XVIII.
La madre de John Newton, una mujer de Dios, murió cuando él no era de siete años de edad. Cuando su padre volvió a casarse y después de varios breves años de educación formal fuera de casa, Juan dejó la escuela y se unió a la nave de su padre, a la edad de once años, para comenzar su vida como marino. Sus primeros años fueron una ronda continua de la rebeldía y el libertinaje. Después de servir en varias naves, así como trabajar por un período de tiempo en las islas y tierra firme de la costa occidental africana recogida de esclavos para su venta a los comerciantes visitantes, Newton llegó a ser capitán de su barco de esclavos propios. Ni que decir tiene, la captura, venta y transporte de esclavos negro para las plantaciones en las Antillas y América era una manera cruel y despiadada de la vida.
El 10 de marzo de 1748, cuando regresaba a Inglaterra procedentes de África durante un viaje tormentoso especialmente cuando parecía que todo estaría perdido, Newton comenzó a leer el libro de Thomas de Kempis, la Imitación de Cristo. Kempis era un monje holandés, 1380-1471, que pertenecía a una orden llamada los Hermanos de la vida común. Este libro sigue siendo impresos hoy en día como un clásico religioso. El mensaje del libro y la experiencia aterradora en el mar fueron utilizados por el Espíritu Santo para sembrar las semillas de la eventual conversión de Newton y la aceptación personal de Cristo como su Salvador.
Para los próximos años, continuó como capitán de barco de esclavos, tratando de justificar su trabajo, tratando de mejorar las condiciones de la medida de lo posible, incluso en la realización de los servicios públicos de adoración para su equipo endurecido de treinta cada domingo. Eventualmente, sin embargo, se sentía culpable de los aspectos inhumanos de este trabajo y se convirtió en un cruzado fuerte y eficaz contra la esclavitud. Newton regresó a Inglaterra, estableció una casa con su novia de la juventud, María Catlett, quien se había casado el 12 de febrero de 1750, y se convirtió en un vendedor en el puerto de Liverpool para los próximos nueve años. Durante este período, sintió la llamada de Dios cada vez más a predicar el Evangelio y comenzó a estudiar con diligencia por el ministerio. Fue ayudado en gran medida e influenciado por el evangelista George Whitefield y los Wesley, pero decidió quedarse dentro de la Iglesia anglicana establecida en vez de unir fuerzas con los disidentes. A la edad de treinta y nueve, John Newton fue ordenado por la Iglesia Anglicana y comenzó su pastorado por primera vez en el pequeño pueblo de Olney, cerca de Cambridge, Inglaterra. Su trabajo para los próximos quince años (1764-1779) fue un ministerio más fructífero e influyente.
Especialmente eficaz fue el uso de la historia de su vida temprana y la experiencia de conversión, que le dijo a menudo. Además de predicar para los servicios establecidos en su propia iglesia, Newton se mantenga regularmente a los servicios en cualquier gran edificio que pudo conseguir en los alrededores. Este era un desconocido para la práctica de un clérigo anglicano de ese día. Dondequiera que él predicó, grandes multitudes se reunieron para escuchar el "Old Captain Construcción del Mar".
Otra de las prácticas extremistas de Newton en la Iglesia de Olney fue el canto de los himnos que expresan la fe sencilla y sincera de su predicación en vez de el canto de los salmos formal de la Sternhold Salterio y Hopkins, que se practicaba en otras iglesias anglicanas. Cuando Newton no pudo encontrar himnos suficiente para este propósito, comenzó a escribir el suyo. Para ayudarle en esta tarea, se solicitó la ayuda de su amigo y vecino, William Cowper, un conocido escritor de literatura clásica de este periodo. En 1779 sus esfuerzos combinados producen el famoso himno himnos Olney, una de las contribuciones más importante realizados en el campo de himnos evangélicos. En esta colección ambiciosa de 349 himnos, sesenta y siete fueron escritas por el Cowper y el resto por Newton. El propósito del libro de himnos, de acuerdo con prefacio de Newton, era "el deseo de promover la fe y la comodidad de los cristianos sinceros."
Desde 1947, una antigua tradición interesante ha sido revivido en la Iglesia Olney. Se trata de la carrera anual de panqueque que se lleva a cabo el martes (Martes de Carnaval) antes del comienzo de la Cuaresma. Las damas de la carrera de la parroquia del centro de la ciudad a la iglesia voltear panqueques. En el servicio se anuncia al ganador seguido de la congregación cantando "Amazing Grace" y otros favoritos de Olney Himnario.
Después de concluir su ministerio en Olney, Newton pasó los últimos veintiocho años de su vida como pastor de la influyente Iglesia de Santa María Woolnoth en Londres. Entre sus conversos no fue Claudio Buchanan, quien se convirtió en un misionero a las Indias Orientales, y de Thomas Scott, el comentarista de la Biblia. En ese momento Newton también había establecido una fuerte relación con William Wilberforce y otros líderes políticos comprometidos en la lucha por la abolición de la trata de esclavos. Es interesante notar que el año de la muerte de Newton, de 1807, fue el mismo año que el Parlamento británico finalmente abolió la esclavitud en todos los de su dominio.
En 1790 la esposa de Newton, querido compañero durante cuarenta años, murió de cáncer. María había sido una esposa de la verdadera devoción y ánimo, pero ahora Juan se enfrentan los próximos diecisiete largos años sin ella. En 1893, John y los restos de María fueron re-enterrado en el cementerio de la iglesia Olney, donde el monumento de granito masivo todavía se pueden ver.
Hasta el momento de su muerte a la edad de ochenta y dos, no John Newton dejó de maravillarse ante la misericordia de Dios y la gracia que tenía tan dramáticamente cambió su vida. Este fue el tema dominante de su predicación y por escrito. Poco antes de su muerte, un portavoz de la Iglesia sugirió que considerara la jubilación por razones de salud no, la vista y la memoria. Newton respondió: "¿Qué será del viejo blasfemo África parar mientras todavía se puede hablar?" En otra ocasión, antes de su muerte, se le cita como pregonaba a gran voz en un mensaje: "Mi memoria está casi desaparecido, pero recuerdo dos cosas : "Que soy un gran pecador y que Cristo es un gran Salvador!"
Sin lugar a dudas, la expresión más representativa de la vida de John Newton es su himno atractivo, "Amazing Grace". El himno, originalmente formado por seis estrofas y titulado "Examen de Fe y Esperanza", se basa en 1 Crónicas 17:16, 17. Tres versos adicionales interesantes escritos por Newton que no se incluyen en la mayoría de los himnarios son los siguientes:
1. El Señor ha prometido bueno para mí, su palabra asegura mi esperanza;
Él será mi escudo y la parte de ser tan largo como la vida dura.
2. Sí, cuando el corazón y la carne no, y de la vida mortal cesará,
Voy a tener dentro del velo, una vida de gozo y de paz.
3. La tierra pronto se disolverán como la nieve, el sol brille abstenerse;
Pero Dios, que me ha llamado aquí abajo, será siempre la mía.
La canción, "Amazing Grace", es una melodía folk americana temprana. Al principio fue conocido como una melodía de las plantaciones, titulado "Amar a los corderos." La primera publicación conocida de esta canción fue encontrado en un libro titulado La Armonía Virginia, compilado por James P. Carrell y David S. Clayton y publicado en 1831 en Winchester, Virginia . Apenas un himnario apareció en todo el sur durante el resto del siglo XIX, que no incluyen este himno.
John Newton también escribió el texto para "cosas gloriosas de ti se habla" (101 Más historias Himno, N º 26).

La crisis del justo AGOSTO 7


La crisis del justo     AGOSTO 7
Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí, hasta que, entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos. Salmo 73.16–17
El salmista estaba hundido en una crisis de fe que, seguramente, también ha tocado nuestras vidas en algún momento de nuestro peregrinaje. Quizás su depresión vino en momentos de una prueba intensa en su vida espiritual. Quizás se vio envuelto en alguna experiencia de sufrimiento y persecución, producto de su deseo de honrar a Dios. El hecho es que, fueran cuales fueran sus circunstancias personales, miró hacia la vida de los impíos y vio que era mucho más placentera y fácil que la de los justos. Los impíos no solamente son prósperos, sino que no hay congojas en su muerte. Su vigor es permanente y no tienen que esforzarse ni trabajar duro toda la vida, como lo hacen la mayoría de los mortales. Con una facilidad que tiene sabor a burla, «logran con creces los antojos del corazón» (Sal 73.7). Como si esto fuera poco, también se mueven por la vida con una arrogancia intolerable, haciendo alarde de su situación y despreciando a los que luchan día a día por subsistir.
¿Cómo no iba el salmista a entrar en crisis? Cuanto más meditaba este asunto, más indignación sentía. «¿Para qué tanto esfuerzo y tanta fidelidad, si estos otros logran una posición mucho más cómoda sin pasar por toda la angustia de los que intentan vivir vidas rectas y justas?» La medida de su propia inversión no justificaba los magros resultados obtenidos. Completamente frustrado, exclamó: «¡Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón y he lavado mis manos en inocencia!» (Sal 73.13).
Seguramente, en algún momento, hemos luchado con sentimientos similares. En muchas ocasiones pareciera que no estamos logrando nada con nuestra devoción. Pasamos por los mismos tormentos y dolores que los impíos; sufrimos las mismas flaquezas y cometemos los mismos errores. Nuestros esfuerzos por honrar al Señor parecen no hacer más que añadir complicaciones a nuestras vidas. Nuestra honestidad es condenada por los demás. Nuestra santidad es objeto de burlas. Nuestro compromiso con el servicio está envuelto por reproches e ingratitud. ¿Quién de nosotros no se ha sentido tentado, en algún momento, a «tirar la toalla»?
La respuesta a nuestras dudas no se encuentra en la observación ni en el análisis de la realidad que nos rodea. Al contrario, al igual que el salmista, cuánto más lo pensamos más injusta nos va a parecer la vida que nos ha tocado. El salmista nos muestra el camino a seguir: entró al santuario de Dios. Allí, en la presencia del Señor, entendió que su perspectiva estaba seriamente limitada por su condición de hombre. Dios lo llevó a otro plano, el plano de las cosas eternales. Nuestras vidas no están limitadas a nuestro fugaz paso por esta tierra. Fue en ese momento que el salmista pudo entender «el fin de ellos» y vio cuán cerca estaba de una decisión fatal. Por esta razón exclamó, con gratitud: «casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos» (Sal 73.2). El Señor lo hizo volver del abismo.
Para pensar:
El salmo nos deja un importante principio. Los dilemas, las dudas y las angustias de esta vida se resuelven en presencia del Altísimo. ¡No se demore en buscar, como primera opción, su rostro!
Shaw, C. (2005). Alza tus ojos (7 de agosto). San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

viernes, 29 de julio de 2011

Es un pájaro… Es un avión… ¡No! ¡Es una actitud!


Es un pájaro…
Es un avión…
¡No! ¡Es una actitud!
Haya pues en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús (Filipenses 2:5, Biblia de las Américas).
Era un hermoso día en San Diego, y mi amigo Paul quiso llevarme a volar en su avión. Como era nuevo en California del Sur decidí ver mi nueva tierra desde una perspectiva distinta. Me senté en el asiento del copiloto mientras mi amigo terminaba de revisar sus instrumentos. Todo estaba bien, así que Paul encendió los motores y nos dirigimos hacia la cabecera de la pista. Cuando el avión se elevaba me di cuenta que su nariz estaba más alta que el resto del fuselaje. También me llamó la atención que, aunque el paisaje que teníamos abajo era esplendoroso, Paul observaba continuamente el tablero de instrumentos.
Como no soy piloto, decidí convertir el vuelo de placer en una experiencia de aprendizaje.
—Todos esos cuadrantes —comencé—, ¿qué te dicen? Veo que observas unos más que otros. ¿Qué es este?
—Ese es el indicador de actitud —respondió.
—¿Cómo puede un avión tener una actitud?
—En vuelo, la actitud de la nave es lo que llamamos la posición del avión en relación con el horizonte.
Como mi curiosidad ya se había despertado, le pedí que me explicara más.
—Cuando el avión asciende —dijo—, tiene una actitud nariz arriba, porque la nariz de la nave señala más arriba del horizonte.
—Eso es correcto —continuó mi instructor—. Los pilotos prestan atención a la actitud del avión porque eso indica su comportamiento.
—Ahora puedo entender por qué el indicador de actitud está en tan visible lugar en el tablero de instrumentos —manifesté.
Paul, comprendiendo que era un estudiante ansioso, continuó:
—Como el comportamiento del avión depende de su actitud, es necesario cambiar su actitud para cambiar su comportamiento.
Lo demostró elevando la nariz del aparato. El avión ascendió con seguridad y la velocidad disminuyó. Cambió su actitud, y eso cambió su comportamiento.
Paul concluyó su lección diciendo:
—Puesto que la actitud del avión determina su comportamiento, los instructores enseñan «actitud de vuelo».
Esa conversación me hizo pensar en las actitudes de la gente. ¿La actitud de un individuo, no norma su comportamiento? ¿No tiene un «indicador de actitud» que continuamente evalúa sus perspectivas y sus logros en la vida?
¿Qué pasa cuando la actitud está produciendo resultados no deseables? ¿Cómo puede cambiarse la actitud? Y, si la actitud cambia, ¿cuáles son las ramificaciones hacia las personas que le rodean?
Mi amigo Paul tenía un manual de instructor sobre «Actitud de vuelo», la relación entre la actitud del avión y su comportamiento. Nosotros, también, tenemos un manual sobre la actitud de vida… la Biblia.
El apóstol Pablo, escribiendo a la iglesia de Filipo, colocó ante esos cristianos un indicador de actitud. «Haya, pues, en vosotros esta misma actitud que hubo también en Cristo Jesús» (Filipenses 2:5, Biblia de las Américas).
Cristo nos da un perfecto ejemplo. Su elevada norma no fue dada para frustrarnos sino para revelarnos áreas en nuestras vidas que necesitan mejoramiento. Cuando estudio Filipenses 2:3–8, traigo a mi mente las actitudes saludables que Jesús poseía.
Era desinteresado. «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Filipenses 2:3–4).
Era seguro. «El cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres» (Filipenses 2:6–7).
Era sumiso. «Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Filipenses 2:8).
Pablo dice que estas cualidades fueron notorias en la vida de Cristo, debido a su actitud (v. 5, Biblia de las Américas). También dice que nosotros podemos tener la misma actitud en nuestras vidas. Para ello tenemos el ejemplo de esa actitud y el estímulo para obtenerla.
En Romanos 12:1, 2, Pablo afirma:
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
El resultado de una mente renovada o una actitud cambiada es comprobar y cumplir la voluntad de Dios. Una vez más vemos que la actitud dicta el comportamiento.
En una ocasión prediqué un mensaje basado en el Salmo 34, titulado: «Cómo encarar el temor». David estaba solo, temeroso y frustrado en una cueva, rodeado por los enemigos, cuando escribió este mensaje reconfortante. El comienzo del capítulo nos permite entender el porqué del éxito de David, aun cuando estaba rodeado de problemas.
El triple proceso de la alabanza de David
1.     La alabanza comienza en la voluntad (v. 1).
«Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza es- tará de continuo en mi boca». Su actitud refleja una determinación de regocijarse pese a la situación.
2.     La alabanza afecta a la emoción (v. 2).
«En Jehová se gloriará mi alma». Ahora, David alaba al Señor no solamente porque es lo correcto, sino también porque le gusta.
3.     La alabanza se extiende a otros (vv. 2–3).
«Lo oirán los mansos y se alegrarán. Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre». David demuestra que el cumplimiento de la alabanza comienza con una actitud de estar determinado a alabar. La conclusión del capítulo registra el triunfo de David: «Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en Él confían».
La actitud de vivir, al igual que la de volar, dice: «Mi actitud dicta mi comportamiento». Esa expresión cubre demasiadas cosas que no pueden ser tratadas en un solo libro. Necesitaremos examinar:
•     ¿Qué es una actitud, y por qué es importante?
•     ¿Cuáles son los ingredientes necesarios para una actitud de elevadas realizaciones?
•     ¿Cómo podemos volver una actitud equivocada, que obra en contra nuestra, a nuestro favor?
Conforme avancemos, descubriremos los indicadores de actitud manifestados en las personas descritas en la Biblia, el mejor manual sobre la actitud que tenemos a nuestra disposición desde que Dios mismo nos lo dio. Obviamente, este libro que escribo no tendrá la última palabra sobre asunto tan importante, pero espero que traiga un poco de luz a los que entienden la importancia de la actitud. Es mi oración que sea de utilidad a los que quieran cambiar.
Aplicación de Actitud:
Tome unos pocos minutos antes de proceder y hágase las siguientes preguntas:
¿He prestado atención a mi actitud últimamente?
¿Cómo considero mi actitud?
Nunca ha sido mejor

Nunca ha sido peor

Nariz arriba
Nariz abajo

¿Cuál es un indicador de actitud (algo que refleje mi perspectiva) en mi vida?

Bendiciones invisibles


Bendiciones invisibles     JULIO 30
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para oir la sabiduría de Salomón, y en este lugar hay alguien que es más que Salomón. Lucas 11.31
Inmensas multitudes acompañaban a Jesús en su ministerio. Muchos de ellos eran curiosos que daban a entender que estaban dispuestos a comprometerse. Les faltaba apenas alguna señal del cielo para estar seguros de que él era realmente el Mesías. Jesús le habló a la multitud, diciendo: «Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás» (Lc 11.29).
Lo de la señal no era más que una excusa. Quien no quiere creer no cederá en su postura frente a las más dramáticas y contundentes evidencias del accionar de Dios. Tal era la generación de los israelitas que salieron de Egipto, una generación obstinada y caprichosa que no confió aun cuando vieron cosas que ningún otro pueblo había visto. La fe es, en esencia, una respuesta espiritual al obrar del Espíritu en nuestro interior. A pesar de esto, con frecuencia nos convencemos de que nuestra fe sería más fuerte si tuviéramos mayores evidencias del obrar de Dios en nuestras vidas. Sentimos que todo el esfuerzo de creer recae sobre nosotros y sería oportuna una «ayudita» a nuestra fe.
El Señor, sin embargo, quería mostrarles algo diferente: las señales que buscaban ya existían, solamente que ellos no las veían. Como lo hizo en tantas otras ocasiones, Cristo escogió el ejemplo de aquellos que no eran del pueblo judío para ilustrar la correcta postura de fe. Mencionó a los habitantes de Nínive, que creyeron en la predicación de Jonás, un predicador con poca «gracia» para comunicar el mensaje. Sin embargo, creyeron porque existía en ellos la apertura espiritual necesaria para la fe.
Jesús mencionó también, en el pasaje que hoy nos ocupa, a la reina del Sur; es decir, la reina de Sabá que visitó a Salomón (1 Re 10.1–13). Esta mujer era la soberana de una nación en África, acostumbrada a que le sirvieran en todo lo que deseaba. No obstante, haciendo a un lado sus privilegios reales, viajó una enorme distancia buscando conocer la sabiduría del legendario rey de Israel. Los ninivitas y la reina del Sur poseían algo en común: una apertura a lo espiritual, algo marcadamente ausente entre los israelitas. Hemos de notar, además, que ni los ninivitas ni la reina de Sabá poseían la rica herencia espiritual que poseía el pueblo de Dios. Los que estaban con Jesús tenían acceso a la más extraordinaria señal jamás vista por los hombres. Sin embargo, entre los que más tenían se notaba la mayor pobreza de espíritu.
Así también ocurre en nuestras vidas. Frecuentemente estamos empecinados en buscar algo que, a nuestro criterio, nos está faltando. Nuestra obstinación no nos permite percibir ni disfrutar de aquellas bendiciones que están en nuestro medio y que, muchas veces, son mayores que aquello que estamos buscando.
Para pensar:
«La mente carnal no ve a Dios en nada, ni siquiera en las cosas espirituales. La mente espiritual ve a Dios en todo, aun en las cosas naturales». R. Leighton.
Shaw, C. (2005). Alza tus ojos (30 de julio).

Verdaderos adoradores


Verdaderos adoradores     JULIO 29
Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Juan 4.23
Esta escena tiene un valor muy especial para todos aquellos que deseamos conocer mejor a nuestro Dios. Es una de esas pocas ocasiones en las cuales Jesús revela, con palabras, los deseos del Padre. No podemos dejar de sentirnos descolocados frente a su revelación, pues en medio de una discusión acerca de las «formas» de la adoración -algo absolutamente efímero (pero que no ha dejado, sin embargo, de seducirnos una y otra vez)- Cristo introduce una frase que sorpresivamente nos lleva a considerar lo que es la «esencia» de la adoración.
Uno de los aspectos de su declaración salta a la vista inmediatamente: existen dos clases de adoradores, los verdaderos y los falsos. No hace falta remarcar que si un adorador es falso, en realidad no es un adorador, sino alguien que asume el papel de adorador. Esto nos obliga a meditar en nuestras propias experiencias de adoración: ¿realmente adoramos o fingimos estar adorando durante los momentos públicos destinados a esta actividad?
Con sólo pensar en esto nos damos cuenta de cuál es la diferencia entre una cosa y la otra. El falso adorador es, precisamente, el que considera a la adoración como una actividad. Es decir, por momentos deja lo que está haciendo para dedicarse a una nueva actividad: la de expresar adoración al Padre. No está haciendo más que asumir los movimientos e incorporar las palabras apropiadas a tal actividad. Quizás las ha visto en otros y las sabe imitar con facilidad. De todas maneras, en su mente la adoración es una de las tantas actividades relacionadas con la vida espiritual.
Cuando Cristo habla del verdadero adorador, no está describiendo las actividades de una persona; está haciendo referencia a lo que una persona es. De la misma manera que nosotros podríamos describir a una persona por su origen, diciendo que es griega, polaca o española -y se entendería que esto no se refiere a una actividad sino a su identidad-, Cristo identifica a ciertas personas dentro del reino por el corazón que poseen: son verdaderos adoradores del Padre.
Un adorador no puede convivir con la carne y el pecado. La adoración es, en última instancia, el resultado de un dramático y profundo encuentro con Dios, donde tales cosas se han vuelto abominables. El verdadero adorador que el Padre anhela es el que adora en espíritu y verdad. Es una persona que combina la realidad espiritual producida por el Espíritu de Dios (pues nadie puede relacionarse con Dios si no es por medio del Espíritu), y la purificación del ser interior que viene por medio de la verdad eterna. Es decir, es una persona que refleja con todo su ser la relación en la que está profundamente envuelta.
Para pensar:
¿Cómo se definiría como adorador? ¿Su adoración está limitada a actividades en reuniones públicas? ¿Cómo puede cultivar más su identidad como adorador?
Shaw, C. (2005). Alza tus ojos (29 de julio). San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.